Decidí poesía inocentemente
sin saber hasta cuándo,
sin saber hasta dónde.
Y quizás porque había que decidir.
No tenía nada que ver
con el juicio, y es posible
que mencionar el impulso
o la necesidad
sea sólo una romántica máscara
para engañar al espejo.
Decidí poesía ignorante,
falto de dotes, de conciencia,
de poemas.
Decidí sin dudar como dudaría el sabio,
sin pensar en las consecuencias,
convencido torpemente
de que jamás me dejaría llevar
y los poemas no se escaparían,
perdiendo el control.
Decidí poesía mortalmente
con todo lo que conlleva
lastrar la vida con el peso de unos versos.
Pero yo, no lo sabía.
Decidí poesía, sí,
hasta hoy,
creía haber decidido poesía.
Jose A. Barros
viernes, 3 de enero de 2014
Decidí poesía inocentemente...
viernes, 6 de diciembre de 2013
Vine a la muerte casi un día de difuntos...
Vine a la muerte casi un día de difuntos,
celebrando así lo social
de compartir la hipócrita pena
que ignoramos el resto del año.
Me acojo a las lágrimas ajenas
con esta sonrisa impuesta
por el maquillaje funerario,
que me impide abrir la boca
y escupiros a la cara con la rabia
de convertir mentiras en estigmas
y grabalas en vuestra piel para siempre.
Quise morir a tiempo
de recibir las primeras flores de noviembre
a pesar de no contar con primaveras
fugadas al otoño.
Decidí morir así, celebrando el Samaín como es debido.
Cerrando bocas, inmovilizando lenguas,
cambiando truco y trato
por sudario para mí, mordaza para vosotros
y mierda, mucha mierda
para el llanto teatrero de los que no me conocen.
Jose A. Barros
miércoles, 18 de septiembre de 2013
No aprendí...
No aprendí
comportamientos extraños,
ni conozco a los demás
por esa imposición gregaria
de dibujar sonrisas sobre el hastío
poniendo buena cara a las tormentas.
No sé poner veto a las palabras
entre la lengua y los dientes,
ni amansar volcanes.
No sé infectarme de otros nombres,
no sé llorar cadáveres extraños
ni inventarme el cariño
cuando falta el talento de ganárselo.
No sé cómo esperaban que fuese
cuando no esperaban que así fuera.
Sólo sé ser yo mismo.
Jose A. Barros
martes, 17 de septiembre de 2013
Podrás quitarme las entrañas...
Podrás quitarme las entrañas
como un sádico chamán,
los ojos, como el hambre empuja al buitre,
podrás quitarme la lengua
y evitarme las palabras,
pero nunca podrás quitarme
estas ganas de escribir.
Porque esta enfermedad,
enraizada en las fibras musculares,
no entiende de bisturíes
y tiene el olfato
de un sabueso buscando al dueño.
Tiene rapaces garras,
hambrientos dientes
y venenosa saliva.
Es un depredador de llantos fáciles,
un carroñero
de sonrisas débiles.
Jose A. Barros
jueves, 25 de julio de 2013
Hay que vivir muy dentro...
Hay que vivir muy dentro,
donde la sangre
aún es parte del tuétano,
donde el sabor a calcio
llega a través de la piel,
y las venas
apenas comienzan a murmurar
caudales de emociones varias.
Hay que habitar las olas
de los mares de bilis,
ahogarse sin remedio
en la profundidad de los miedos
que me acechan cada noche
y permanecen erguidos
cuando llega la mañana.
Hay que estar
en el dorso palpitante de los ojos
cuando, aterrorizados,
construyen lluvias.
Hay que pasar los días
sobreponiendo quietud
al dedo sobre el gatillo
y marginando a la sien
entre lo sanguinario de las horas.
Hay que vivir muy dentro
para llegar a conocerme.
Jose A. Barros