Por buscar una identidad
me encontré conmigo mismo
en otro rostro,
con poemas que no me pertenecían,
con un lugar de nacimiento
en otras latitudes.
Al principio, quise complicidad
con mi otro yo,
como si fuese buena idea
delimitar el espacio
que ocupa cada uno en la retórica,
pero no existo,
de repente, no existo
y escribir mi nombre
despierta otra identidad.
Y una voz me llama
disipando en el aire
la duda de si es a mí.
Al fin y al cabo,
así nace mi convergencia
conmingo mismo;
de una voz que me nombra
ajena a que yo
soy ajeno a mi nombre.
Jose A. Barros
miércoles, 16 de abril de 2014
Por buscar una identidad...
viernes, 3 de enero de 2014
Decidí poesía inocentemente...
Decidí poesía inocentemente
sin saber hasta cuándo,
sin saber hasta dónde.
Y quizás porque había que decidir.
No tenía nada que ver
con el juicio, y es posible
que mencionar el impulso
o la necesidad
sea sólo una romántica máscara
para engañar al espejo.
Decidí poesía ignorante,
falto de dotes, de conciencia,
de poemas.
Decidí sin dudar como dudaría el sabio,
sin pensar en las consecuencias,
convencido torpemente
de que jamás me dejaría llevar
y los poemas no se escaparían,
perdiendo el control.
Decidí poesía mortalmente
con todo lo que conlleva
lastrar la vida con el peso de unos versos.
Pero yo, no lo sabía.
Decidí poesía, sí,
hasta hoy,
creía haber decidido poesía.
Jose A. Barros
viernes, 6 de diciembre de 2013
Vine a la muerte casi un día de difuntos...
Vine a la muerte casi un día de difuntos,
celebrando así lo social
de compartir la hipócrita pena
que ignoramos el resto del año.
Me acojo a las lágrimas ajenas
con esta sonrisa impuesta
por el maquillaje funerario,
que me impide abrir la boca
y escupiros a la cara con la rabia
de convertir mentiras en estigmas
y grabalas en vuestra piel para siempre.
Quise morir a tiempo
de recibir las primeras flores de noviembre
a pesar de no contar con primaveras
fugadas al otoño.
Decidí morir así, celebrando el Samaín como es debido.
Cerrando bocas, inmovilizando lenguas,
cambiando truco y trato
por sudario para mí, mordaza para vosotros
y mierda, mucha mierda
para el llanto teatrero de los que no me conocen.
Jose A. Barros
miércoles, 18 de septiembre de 2013
No aprendí...
No aprendí
comportamientos extraños,
ni conozco a los demás
por esa imposición gregaria
de dibujar sonrisas sobre el hastío
poniendo buena cara a las tormentas.
No sé poner veto a las palabras
entre la lengua y los dientes,
ni amansar volcanes.
No sé infectarme de otros nombres,
no sé llorar cadáveres extraños
ni inventarme el cariño
cuando falta el talento de ganárselo.
No sé cómo esperaban que fuese
cuando no esperaban que así fuera.
Sólo sé ser yo mismo.
Jose A. Barros
martes, 17 de septiembre de 2013
Podrás quitarme las entrañas...
Podrás quitarme las entrañas
como un sádico chamán,
los ojos, como el hambre empuja al buitre,
podrás quitarme la lengua
y evitarme las palabras,
pero nunca podrás quitarme
estas ganas de escribir.
Porque esta enfermedad,
enraizada en las fibras musculares,
no entiende de bisturíes
y tiene el olfato
de un sabueso buscando al dueño.
Tiene rapaces garras,
hambrientos dientes
y venenosa saliva.
Es un depredador de llantos fáciles,
un carroñero
de sonrisas débiles.
Jose A. Barros