Podrás quitarme las entrañas
como un sádico chamán,
los ojos, como el hambre empuja al buitre,
podrás quitarme la lengua
y evitarme las palabras,
pero nunca podrás quitarme
estas ganas de escribir.
Porque esta enfermedad,
enraizada en las fibras musculares,
no entiende de bisturíes
y tiene el olfato
de un sabueso buscando al dueño.
Tiene rapaces garras,
hambrientos dientes
y venenosa saliva.
Es un depredador de llantos fáciles,
un carroñero
de sonrisas débiles.
Jose A. Barros
martes, 17 de septiembre de 2013
Podrás quitarme las entrañas...
jueves, 25 de julio de 2013
Hay que vivir muy dentro...
Hay que vivir muy dentro,
donde la sangre
aún es parte del tuétano,
donde el sabor a calcio
llega a través de la piel,
y las venas
apenas comienzan a murmurar
caudales de emociones varias.
Hay que habitar las olas
de los mares de bilis,
ahogarse sin remedio
en la profundidad de los miedos
que me acechan cada noche
y permanecen erguidos
cuando llega la mañana.
Hay que estar
en el dorso palpitante de los ojos
cuando, aterrorizados,
construyen lluvias.
Hay que pasar los días
sobreponiendo quietud
al dedo sobre el gatillo
y marginando a la sien
entre lo sanguinario de las horas.
Hay que vivir muy dentro
para llegar a conocerme.
Jose A. Barros
sábado, 20 de julio de 2013
Un ligero murmullo...
Un ligero murmullo
acompaña a los badajos,
oradores tristes que no saben
por quién llorarán mañana.
Todo el mundo escudriña las esquinas
con ese temor primitivo que nos invade
cuando el cáncer ha venido de visita
y se asegura estancia, desalojando una cama ajena.
Algunos se apresuran
a cerrar estaciones y autopistas
por temor a la llegada
de otras enfermedades extranjeras,
posiblemente, demasiado conocidas.
Esconden a sus primogénitos
y marcan sus dinteles con sangre de cordero.
¿Y quién se olvidó de los dinteles
durante cuatro años?
A los que no tenemos dioses,
ni rezos, ni dogmas de fe
sólo nos queda confiar en que Herodes
viva demasiado lejos.
Jose A. Barros
miércoles, 10 de julio de 2013
En las repisas...
En las repisas,
las navajas ansiosas buscaban dedos
dispuestos al abrazo sanguinario
de compartir el sabor caníbal
sobre el diente metálico.
Había cierto magnetismo
agitándose en la palma de mis manos,
y el hambre se paseaba por debajo de las uñas
como un alargado grito doloroso
que nacía en el estómago.
Todavía conservo las balas
y una lista de entrecejos donde escupir pólvora.
Porque antes de perder las ansias homicidas,
me las trago.
Y ya vomitaré.
Jose A. Barros
lunes, 3 de junio de 2013
Conocedme por mis manos...
Conocedme por mis manos,
por estas manos llenas de temores
y de inseguridad,
amazonas de tacto cuando hube de cabalgar su piel.
Reconoced en ellas el bálsamo de mi dolor.
Recordad
que con ellas me cubro las heridas,
me tapo los oídos y la boca
convirtiéndolas en correctoras
de un carácter indomable.
Impulsivas por naturaleza,
se agitan y desvelan a éste que soy.
Han crecido conmigo
y me compañarán hasta la misma muerte
¿o quizás darán la muerte
o la eviten?.
Conocedme por mis manos cuando me apoye en ellas.
Cuando me sostenga en pie, gracias a ellas,
conocedme por mis manos.
Porque fueron las únicas artesanas
que dieron y darán forma
a todos mis poemas.
Jose A. Barros