Un ligero murmullo
acompaña a los badajos,
oradores tristes que no saben
por quién llorarán mañana.
Todo el mundo escudriña las esquinas
con ese temor primitivo que nos invade
cuando el cáncer ha venido de visita
y se asegura estancia, desalojando una cama ajena.
Algunos se apresuran
a cerrar estaciones y autopistas
por temor a la llegada
de otras enfermedades extranjeras,
posiblemente, demasiado conocidas.
Esconden a sus primogénitos
y marcan sus dinteles con sangre de cordero.
¿Y quién se olvidó de los dinteles
durante cuatro años?
A los que no tenemos dioses,
ni rezos, ni dogmas de fe
sólo nos queda confiar en que Herodes
viva demasiado lejos.
Jose A. Barros
sábado, 20 de julio de 2013
Un ligero murmullo...
miércoles, 10 de julio de 2013
En las repisas...
En las repisas,
las navajas ansiosas buscaban dedos
dispuestos al abrazo sanguinario
de compartir el sabor caníbal
sobre el diente metálico.
Había cierto magnetismo
agitándose en la palma de mis manos,
y el hambre se paseaba por debajo de las uñas
como un alargado grito doloroso
que nacía en el estómago.
Todavía conservo las balas
y una lista de entrecejos donde escupir pólvora.
Porque antes de perder las ansias homicidas,
me las trago.
Y ya vomitaré.
Jose A. Barros
lunes, 3 de junio de 2013
Conocedme por mis manos...
Conocedme por mis manos,
por estas manos llenas de temores
y de inseguridad,
amazonas de tacto cuando hube de cabalgar su piel.
Reconoced en ellas el bálsamo de mi dolor.
Recordad
que con ellas me cubro las heridas,
me tapo los oídos y la boca
convirtiéndolas en correctoras
de un carácter indomable.
Impulsivas por naturaleza,
se agitan y desvelan a éste que soy.
Han crecido conmigo
y me compañarán hasta la misma muerte
¿o quizás darán la muerte
o la eviten?.
Conocedme por mis manos cuando me apoye en ellas.
Cuando me sostenga en pie, gracias a ellas,
conocedme por mis manos.
Porque fueron las únicas artesanas
que dieron y darán forma
a todos mis poemas.
Jose A. Barros
jueves, 18 de abril de 2013
Mi poesía...
Mi poesía
es el recuerdo de la luz del Sol,
el olor del asfalto,
el llanto de los recién nacidos
y, a veces, tus ojos tras el cristal,
porque siempre llueve fuera.
Mi poesía brama como el mar,
cuando la marejada
se adivina en las nubes grises.
Suena a la marabunta mercantil
de las mañanas de mercado,
a tormenta lejana y al aullido del lobo
en las últimas noches de febrero.
Mi poesía
me acerca los rincones vacíos
y me propone llenarlos
de miradas cómplices,
me trae cientos de sombras vigías.
Se despide al amanecer
volando despeinada a través de la ventana
con las manos en alto
como inocentes versos.
Mi poesía
disfruta del tercer grado,
cada noche vuelve al origen
y ya no hace planes de fuga.
Jose A. Barros
Con la prisa enfermiza de los buitres...
Con la prisa enfermiza de los buitres
que se sacian a sabiendas de un hambre prolongada,
yo persigo a mi sombra
cuando se asoma tímida y se escapa.
Espero al amanecer
alejado de los bosques,
y con los primeros rayos comenzamos,
sombra y hombre, nuestro ritual de caza.
Al principio se estira con tal fuerza
que es difícil darle alcance,
pero mengua hasta esconderse
debajo de mis zapatos
Y de pronto desaparece.
Mañana saldré de caza
y lo intentaré de nuevo.
Jose A. Barros