viernes, 8 de julio de 2016

Para ensayar mi muerte...


Para ensayar mi muerte
me puse a llorar,
me vestí de negro
y saqué mi duelo a pasear por la ciudad.
Algunos lo miraban
con exagerada indiferencia,
otros ,mostraron mínima curiosidad
como quien mira al inquilino nuevo
del bloque de al lado.
Un niño preguntó si estaba de paso,
y con un tono grave de voz quebrada
casi gritando, le contestó que no,
 que vino a quedarse para siempre.
El niño comenzó a llorar asustado.

Para ensayar mi muerte,
el día comenzó a caer
tras la línea del horizonte.
Me fui con mi duelo al parque
y allí hablamos de cosas triviales.

Por ensayar mi muerte,
son las tres de la madrugada
y duerme plácidamente en el piso de arriba.
Yo no concilio el sueño,
no me atrevo a echarle
y temo que se quede para siempre.

  Jose A. Barros

martes, 5 de abril de 2016

Me subí a los tejados...

Me subí a los tejados
y todos los transeúntes 
se movían como ratones despistados,
ignorando las miradas felinas
que se precipitan sobre ellos cada noche
y esperan, de azotea en azotea,
un bocado nutritivo emocional.

Ericé el pelo del lomo
como un gato amenazador
de garras afiladas y agresivos dientes,
tratando de intimidar, con la voz,
a otros felinos territoriales.
Pequeña bestia diseñada para crímenes de altura.

Comencé a ronronear
sobre las últimas tejas.
Mantuve la quietud 
con la infinita paciencia del hambre
y me abalancé sobre las aceras,
pero olvidé que los gatos 
no han aprendido a volar.

Jose A. Barros

viernes, 23 de octubre de 2015

Coge mi mano...


Coge mi mano,
fuerte, tan fuerte
que no me pueda soltar cuando me arrepienta,
tan fuerte,
que si algo nos separa
me deje los dedos entre tus dedos
y deba volver para recuperarlos.
Aprieta fuerte,
tan fuerte
que la gangrena me castigue las yemas
si se niegan a acariciarte,
tan fuerte como necesites
para notar el pulso
y sentir que mi corazón está encerrado,
prisionero de tus manos.
Coge mi mano fuerte,
tan fuerte
como para ahogarme los miedos personales
que no puedo describir
y no te pido que comprendas,
tan fuerte
que si suplico
sea demasiado tarde para dejar de apretar
y no tengamos más remedio
que empaparnos de lluvia
cuando no haya refugio para dos.
Jose A. Barros

viernes, 7 de agosto de 2015

Tener dos vidas, tres, cinco, seiscientas;
alzarse en la tormenta emocional,
hundirse en el amor de maremoto
que llega desde el lecho lagrimal.
Sentirse todopoderoso y vivo
más allá del aspecto corporal,
reir a carcajadas por impulso,
amortajar los ojos con cristal.

Amenazar de muerte al universo
con el suicidio firme y radical
de una simple partícula difusa,
rompiendo el equilibrio elemental.
Ponerse cara a cara con la fuerza,
desafiar la línea temporal,
detener con el pecho los cometas,
sangrar en el vacío sideral.

Convertir los océanos salados 
en un hogar profundo y abisal,
arrancarse de cuajo los pulmones
y respirar del agua y de la sal.
Despertarse al vacío de una vida
que no por única será especial,
luchar contra el poema y no rendirse
a los versos de trágico final.
Jose A. Barros

miércoles, 5 de agosto de 2015

Dijiste "¡tócame joder!"...

Dijiste "¡tócame joder!"
con un hálito de libertad en la mirada,
con un hilo de humedad entre los labios.
Y me dejé llevar.
Me arrancaste un beso
sumergido en lo más hondo de la entraña
y lo llevaste a pasear alrededor de tu cuello,
a los márgenes de la lengua
con mis dedos enredados
entre la comisura de tu pelo.
Lo llevaste a tus pezones,
al misterioso lugar donde reposan tus pechos
y allí me dejé las últimas balas
de mi lasciva guerra lingual.
Esparciste la pólvora en mis manos
y te dejaste llevar.
Un reguero inflamable bajaba por tu vestido
y comenzaba a arder el interior de tus muslos
a pesar de la humedad
que mis dedos comenzaron a recoger
para explorar tu geografía de lluvias
edificando tormentas
al fondo de tu garganta.
Tormentas que exploré
con los dedos fuera de la boca.
Y nos dejamos llevar.
Jose A. Barros